“No debe confundirse la posibilidad de un código general y permanente con la posibilidad de leyes. Tal vez la ‘Poética’ y la ‘Retórica’ de Aristóteles no sean posibles, pero las leyes existen: escribir es, continuamente, descubrirlas o fracasar”, tal lo que sugiere Adolfo Bioy Casares en una parte del prólogo a la Antología de la literatura fantástica. *
Precisamente, los amigos de tan difícil género literario como es el cuento encontrarán en las páginas de este libro de Elvy Bovier no sólo textos de alta calidad sino, además, una óptima aplicación de esas leyes de las que hablan los grandes escritores modernos.
Y al decir ‘aplicación’ no me refiero en exclusividad al respeto incondicional de las mismas: el lector hallará aquí quizás lo más trascendente de conocer y manejar con destreza tales normas: la eventualidad de transgredirlas creativamente. .
Porque convengamos en que respetar a la literatura y sus reglas no significa seguir éstas últimas a rajatabla y con los ojos cerrados. Muy por el contrario: en ocasiones, conocerlas y manejarlas con sabiduría permite romperlas, abrir nuevos portales, experimentar, sacudirnos la modorra, lanzar palabras al aire para regocijo de los tantos lectores ávidos de buenos textos que en el mundo habemos. Palabras que dejarán de pertenecer por enteras al escritor - en este caso, a Elvy - en el mismo instante en que el Otro se apropie de la significación encerrada en ellas.
Escribo y eso es todo. Escribo: doy la mitad del poema, nos enseña don José Emilio Pacheco, enorme poeta mexicano. **
¿Qué es lo que hace recomendable a este libro? En primer lugar, la rigurosidad con que han sido tratadas todas y cada una de las narraciones que encontraremos en su interior. El buen lector se percatará rápidamente de que a estos cuentos es imposible dejarlos a medio camino para retomarlos más tarde, tal la tensión interna y la pertinente unidad que la escritora ha logrado componer en ellos. En segundo, la variedad y diversidad de imaginería desarrollada en una coherencia entre entidad y significado. Y, por sobre todo, lo que Elvy Bovier nos ofrece aquí es la universalidad con que ha sabido dotar a sus quimeras.
Pues ella narra magistralmente algunas anécdotas situadas en nuestra ciudad, en nuestra región, pero no se abroquela allí. Una buena cantidad de estas narraciones suceden en (o refieren a) lejanos lugares del planeta, tan distantes en la temporalidad como puede estarlo hoy la Rusia zarista y la naciente revolución bolchevique. Es así que nos sitúa ante un acontecimiento universal que inicia su acertijo en aquella utópica Villa Viale de nuestra niñez, con sus calles de tierra y sin electricidad, humilde pueblo donde habrá de vivir nada menos que… No ¿Cómo voy a contarles ese estupendo secreto, esa vuelta de tuerca que nos proporciona la narrativa de Elvy?
Se preguntarán, entonces, si estamos ante textos ajenos a nosotros, a los entrerrianos. Caramba… tan ajenos como foráneos pueden resultarnos el Parque Urquiza o la Isla Puente. Porque hay sucesos, de los que nadie ha hablado hasta ahora, que ocurren en estos dos sitios y que sólo una escritora consustanciada con sus misterios puede develar, acercándonos sus fantasmagorías a través de brillantes pinceladas literarias.
He tenido el agrado y el privilegio de participar, aunque más no sea lateralmente, del nacimiento y desarrollo de este libro. He seguido su crecimiento y degustado el manejo de los sucesos construidos sin apuro, con cuidado y mucho amor. Año con año sus narraciones fueron sumándole adultez a la inocencia, y el resultado de esa espera creativa es perfectamente visible dentro de estas páginas.
Creo que, merced a la disparidad de los hechos, expuestos con habilidosa soltura, el lector encontrará y disfrutará de un exquisito compendio literario; con frutos que lo harán reír, sonreír y, tal vez, dolerse de algunas escenas dramáticas, imaginadas y desarrolladas con maestría por Elvy Bovier.
Ernesto A. Bavio
Marzo de 2010 - Paraná – ER -
NOTAS
* Sexta. Edic. Bs. Aires, Editorial Panamericana, 1980
** Los trabajos del mar, México DF, Ediciones Era, 1983
No hay comentarios:
Publicar un comentario